Mirarnos a nosotras mismas
Como ya deben saber leo, estudio y escucho muchas cosas que tienen que ver con lo femenino, con ser mujer desde muchos lugares y en los últimos meses he tenido una fuerte idea que no sale de mi cabeza: uno de los aspectos más complejos de ser mujer es aprender a vernos en nuestros propios términos, sin ser definidas por la mirada de otro, o por las expectativas del otro…. Es tan difícil vernos, que muchas veces tapamos las grietas de nuestra vida, con lo doméstico, con el día a día y las obligaciones, que son tantas que nos ocupa todo el tiempo y nos dan la excusa perfecta para no mirarnos.
Esta idea viene principalmente de un análisis al que asistí sobre el libro “Los días de abandono”, mi favorito de la autora italiana Elena Ferrante, pero la dejé en mi cabeza dando vueltas, para pensarla, masticarla y digerirla bien.
Vivimos nuestras vidas definidas por lo demás, por las expectativas de los otros, de la sociedad, de la familia, de los hijos o del esposo. Lo femenino está definido por todo eso, por ser objetos del deber… de cumplir con muchas cosas y ese torbellino nos impide mirarnos realmente, sentirnos y pensarnos desde adentro.
Muchas de nosotras pasamos la vida sin conectar con quienes queremos ser, nunca nos preguntamos quiénes somos realmente, callamos y cumplimos, callamos y hacemos, callamos y nos ponemos miles de excusas para no escucharnos, porque el proceso es difícil, porque escucharnos a veces es duro, a veces nos revela cosas que no nos gustan.
Pero hacer el espacio en nuestra vida para vernos solo a través de nuestra propia mirada, una que nos defina realmente, es, en mi opinión, el ejercicio más vital, el que nos hará sentirnos plenas y eso pasa por hacernos responsables de nuestra vida.
Es esta mirada y lo que hacemos con ellas la que nos permitirá sentirnos más plenas, no resentir a las personas que nos rodean y construirnos a nosotras mismas.
Esta mirada debe ser amorosa y siempre para el futuro, sin reproches de lo que no hicimos en el pasado. La vida es para adelante.
Esta construcción nos la debemos a nosotras mismas.
Deseo de corazón que cada una de nosotras podamos aprender a mirarnos. Muchas veces esa mirada solo llega en momentos de crisis máxima, así fue en mi caso, en momentos donde todo lo que “era la vida” se destruyó y no me quedó más remedio que mirar adentro y peguntarme “qué quiero ser ahora”, fue el momento más complejo de mi vida, pero le agradezco al dolor el regalo de mirarme y comenzar a construirme…una obra constante, porque siempre somos, porque somos muchas, porque somos cada día una distinta.
Con amor las abrazo
Dani